Nuevo capítulo sobre la construcción médico-científica de la menstruación

Es una enorme alegría compartir con ustedes la reciente publicación del libro Estudios de Ciencia, Tecnología y Género en Iberoamérica: Problemas persistentes, miradas renovadas, editado por la querida Eulalia Pérez Sedeño y publicado por la editorial SADAF. Esta obra reúne diversas voces que reflexionan críticamente sobre los sesgos y las desigualdades estructurales en la producción del conocimiento en nuestra región.

Dentro de este volumen, se encuentra nuestro capítulo, titulado «El peso del tabú, del estigma y de la ignorancia en la producción de conocimiento médico-científico sobre la menstruación«, que escribimos junto a mis colegasAgostina Mileo y Laura F. Belli. En este texto, nos propusimos ir más allá de la mera denuncia del androcentrismo para adentrarnos en los mecanismos epistémicos más sutiles y profundamente dañinos que operan en la cultura biomédica dominante. A lo largo del capítulo, exploramos cómo la historia del pensamiento construyó al cuerpo menstrual como un «cuerpo abyecto» y al cuerpo a-menstrual como el parámetro
indiscutido de normalidad biológica y social. Desde la filosofía de Aristóteles —que concebía a la mujer como imperfecta por una supuesta «falta de calor natural» que le impedía cocer adecuadamente sus fluidos reproductivos— hasta la medicina decimonónica, que presentó a la menstruación como una discapacidad que demandaba la preservación absoluta de energía, justificando así el confinamiento de las mujeres al hogar y excluyéndolas del ámbito de la educación. Sin embargo, nuestra apuesta central radica en introducir la potente noción de «producción activa de ignorancia», acuñada por la filósofa Nancy Tuana. Sostenemos que
la falta de conocimiento riguroso sobre la menstruación y sus efectos en la salud a largo plazo no es un mero vacío accidental que la ciencia aún deba llenar. Por el contrario, es una ignorancia fabricada y sostenida intencionalmente, que perpetúa históricas relaciones de dominación y exclusión. La ciencia médica no solo ha sido permeable a los prejuicios culturales judeocristianos y victorianos, sino que ha participado activamente en la legitimación de silencios, eufemismos y mitos que siguen estigmatizando los cuerpos de quienes menstrúan en pleno siglo XXI.

Se puede acceder al capítulo competo aquí.